Cuando empecé a reducir el plástico, una de las cosas que más me frenaba era pensar que iba a tener que cambiar por completo mi forma de hacer las compras. Me imaginaba recorriendo tres dietéticas, una feria orgánica y un almacén a granel para conseguir todo. Parecía más un trabajo de tiempo completo que una forma de vivir.
Con los años descubrí que era mucho más simple: la mayoría de las compras las sigo haciendo en los mismos lugares de siempre. Lo único que cambió fue la forma en la que llego. En lugar de salir de casa con las manos vacías, llevo algunas cosas que ya forman parte de mi rutina: un par de bolsas de tela, algún frasco o un tupper si sé que voy a pasar por la carnicería. No es perfecto. Hay días en los que me olvido de todo y vuelvo con una bolsa de plástico. Pero como ya son hábitos, la mayoría de las veces ni siquiera tengo que pensarlo.
La organización empieza antes de salir de casa
El cambio que más diferencia hizo no fue comprar a granel. Fue dejar de improvisar. Antes de salir reviso qué me falta y, si sé que voy a comprar frutos secos, avena o arroz, agarro algunos frascos de vidrio o bolsas de tela. Si necesito carne, meto un tupper en la mochila. Son cosas que me llevan un minuto y hacen que después no tenga que aceptar un envase descartable simplemente porque no tenía otra opción.
También intento agrupar las compras. Si ya voy a salir, aprovecho para pasar por la verdulería, la dietética y el supermercado el mismo día. Además de ahorrar tiempo, evito hacer compras impulsivas.
En la verdulería siempre llevo bolsas reutilizables
Es probablemente el hábito más fácil de incorporar. Tengo un par de bolsas de tela que viven adentro de las bolsas que siempre uso para las compras, así nunca tengo que acordarme de buscarlas antes de salir.
La mayoría de las verdulerías no tiene ningún problema en usarlas y, cuando no llevo, simplemente intento poner varias verduras juntas en una misma bolsa en lugar de usar una para cada cosa.
A la carnicería voy con un tupper
Este cambio suele sorprender bastante, pero la realidad es que nunca tuve un problema. Llego, le doy el recipiente al carnicero y listo. Algunas personas me preguntan si les resulta raro. La verdad es que cada vez menos. Muchos ya están acostumbrados y, cuando alguien pregunta por qué lo hago, suele terminar siendo una conversación interesante.
Comprar a granel simplifica mucho las cosas
No compro absolutamente todo a granel.
Solo los alimentos que consumo seguido y que sé que voy a terminar: avena, arroz, lentejas, garbanzos, frutos secos, semillas y algunas especias son los que nunca faltan en casa. Los llevo en frascos de vidrio o en bolsas de tela y, cuando vuelvo, van directo a la alacena. No tengo que trasvasarlos ni generar un envase más.
No hace falta hacerlo todo
Creo que este es el mensaje más importante.
Durante mucho tiempo sentí que, si no podía comprar todo sin plástico, entonces no tenía sentido intentarlo. Hoy pienso exactamente al revés: si una semana solo me acordé de llevar las bolsas a la verdulería, ya fue un cambio. Si otro día llevé un tupper a la carnicería, genial.
Los hábitos no aparecen de un día para el otro. Se construyen repitiendo pequeñas acciones hasta que dejan de sentirse como un esfuerzo.
Lo que nunca falta cuando salgo a hacer las compras
Hoy, casi sin darme cuenta, siempre llevo conmigo:
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🛍️ Bolsas de tela.
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🫙 Frascos de vidrio o bolsas para comprar a granel.
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🍱 Un tupper si voy a comprar carne o queso.
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📝 Una lista de compras para evitar comprar de más.
No porque quiera hacerlo perfecto, sino porque descubrí que organizarme un poco antes de salir hace que comprar sea más simple, gaste menos y genere menos residuos.
Y, al final, de eso se trata para mí la sustentabilidad: encontrar pequeñas formas de vivir mejor sin complicarnos la vida.