Hay recetas que preparo para una ocasión especial, y hay otras que hago porque sé que me van a resolver varias comidas. Los ñoquis son un plato que entra en las dos categorías: a veces preparo miles para congelar y otras los hago para una comida especial.

Siempre me sorprendió que una receta tan rica necesitara tan pocos ingredientes. Solo uso papas, harina y yemas de huevo. Nada más.

Cuando tengo un rato libre preparo una buena cantidad, cocino los que voy a comer ese día y congelo el resto. Así, durante las semanas más ocupadas, tengo una comida casera lista en pocos minutos.


¿Por qué hago ñoquis caseros?

Porque son:

  • económicos

  • fáciles de hacer

  • ideales para congelar

  • una forma de aprovechar papas que ya tengo en casa

  • me permiten comer pasta sin comprar algo empaquetado

Además, hacer una tanda grande lleva casi el mismo trabajo que hacer una chica.


Ingredientes

Para unas 4 porciones:

  • 1 kg de papas.

  • 250 a 300 g de harina (aproximadamente).

  • 2 yemas de huevo.

Eso es todo. La cantidad de harina puede variar un poco según las papas, así que prefiero agregarla de a poco.


Paso a paso

1. Cocinar las papas

Lavo bien las papas y las cocino enteras, con cáscara. Así absorben menos agua y después necesitan menos harina. Cuando están tiernas, las dejo enfriar apenas lo suficiente para poder pelarlas.


2. Hacer el puré

Pelo las papas y las piso mientras todavía están calientes. Busco que quede un puré bien liso, sin grumos. Después lo dejo entibiar unos minutos.


3. Agregar las yemas

Cuando el puré ya no está demasiado caliente, incorporo las dos yemas y mezclo.


4. Agregar la harina

Voy incorporando la harina de a poco. No busco una masa dura. Solo la necesaria para que deje de pegarse demasiado a las manos. Cuanta menos harina lleven, más livianos quedan los ñoquis.


5. Formar los ñoquis

Divido la masa en varias partes. Hago cilindros largos y después corto pequeños trozos con un cuchillo.

A veces les hago las clásicas rayitas con un tenedor (muuuy pocas veces), y otras veces los dejo lisos porque tengo ganas de comer, no de competir en un concurso de cocina.


6. Cocinarlos

Los cocino en abundante agua hirviendo y cuando suben a la superficie, espero unos segundos más y los retiro. No necesitan mucho tiempo.


Cómo los congelo

Esta es la parte que más me simplifica la vida.

Antes de cocinarlos, los acomodo separados sobre una bandeja y los pongo unas horas al freezer. Cuando ya están congelados, los paso a un tupper o una bolsa reutilizable, así no se pegan entre sí y puedo sacar solo la cantidad que necesito.

Van directo del freezer al agua hirviendo, sin descongelar.


Mis salsas favoritas

Los ñoquis combinan con casi cualquier cosa.

Las opciones que más hago son:

  • salsa de tomate casera

  • crema con chapis

  • pesto

  • verduras salteadas

  • un poco de manteca y queso rallado (podría ser aceite de oliva, pero no me fascina)

Muchas veces uso la salsa que ya tengo preparada en la heladera o en el freezer.


¿Generan menos residuos?

En mi caso, sí. No porque hacer ñoquis sea una obligación, sino porque aprovecho ingredientes básicos que ya suelo comprar y preparo varias porciones de una sola vez.

Eso significa:

  • menos comidas improvisadas

  • menos delivery

  • menos envases descartables

  • menos desperdicio de comida


Preguntas frecuentes

¿Se pueden congelar?

Sí. De hecho, creo que es la mejor forma de tenerlos siempre listos.


¿Hace falta un molde para ñoquis?

No. Con un tenedor alcanza. Y si no tenés ganas de hacerles las rayitas, tampoco pasa nada.

El sabor no cambia.


¿Cómo sé si la masa está lista?

Cuando deja de pegarse demasiado en las manos, pero sigue siendo suave. Si agregás demasiada harina, los ñoquis te van a quedar pesados.


Cocinar una vez para resolver varias comidas

No hago ñoquis porque sea una tradición ni porque me guste pasar horas cocinando. Los hago porque una tarde tranquila me resuelve varias cenas de las semanas siguientes.

Es una de esas recetas que siempre agradezco haber preparado cuando vuelvo cansada de un día de frío en el barco, de un día largo de trabajo o simplemente no tengo ganas de cocinar.

Y, para mí, esa es la mejor cocina: la que te deja más tiempo para disfrutar todo lo que pasa afuera de ella.